Detalle de la noticia turistica:
La nota biográfica que se transcribe a continuación fue publicada en el Journal de la Société des Américanistes, que se editaba en París, en el año en que murió Lafone Quevedo. El autor de la nota es el arqueólogo y explorador Eric Boman, quién fue compañero y colaborador de Lafone durante años en Catamarca y luego siguió sus pasos, en similares o idénticas tareas e instituciones, en la ciudad de Buenos Aires.
Es el testimonio personal de un “compañero de ruta” que supo apreciar las cualidades humanas y las dotes intelectuales de la Lafone, aunque muchas veces no compartiera sus conclusiones.
“Uno tras otro han desparecido los tres fundadores de los estudios americanistas en la República Argentina, en un lapso de tres años.
“En 1917, fue Ambrosetti, en 1919, Francisco Moreno y, el 18 de junio de 1920, murió, en la ciudad de La Plata, Samuel Lafone Quevedo, el gran erudito lingüístico de la América del Sur y de la historia de la Conquista de ese continente, sobre todo de su parte meridional.
Había nacido en Montevideo el 28 de febrero de 1835. Su padre, Samuel Fisher Lafone, fue un banquero, empresario y comerciante inglés que se estableció en Buenos Aires, pero que debió refugiarse en Montevideo para no ser ejecutado por orden del dictador Don Juan Manuel de Rosas. El anglicano Fisher Lafone se había casado, sin autorización y trámite alguno, con una dama patricia católica, perteneciente a una tradicional familia de Buenos Aires, Doña Patricia Prieto de Quevedo y Alsina, quien sería la madre de Samuel Lafone Quevedo.
En 1850, el joven Samuel fue enviado a Inglaterra para completar su educación, primero en un colegio de Liverpool y luego en la Universidad de Cambridge, donde obtuvo su diploma de “Master of Arts”. Regresó a América en 1858 y se reunió con su familia que, derrocado el dictador Rosas, había vuelto a la Argentina .
Samuel Fisher Lafone había comenzado en 1853, la explotación de las ricas minas de cobre de las Sierras de las Capillitas , en la distante provincia de Catamarca. Allí se reunió con su hijo en 1860, quien comenzó a participar activamente en la administración de los negocios de su padre, a quien heredó en 1871. Establecieron una gran fundición en Pilciao, al pié de las majestuosas montañas nevadas de Aconquija, a cierta distancia del oasis donde se sitúa la hermosa y floreciente villa de Andalgalá.
A la industria minera inLa nota biográfica que se transcribe a continuación fue publicada en el Journal de la Société des Américanistes, que se editaba en París, en el año en que murió Lafone Quevedo. El autor de la nota es el arqueólogo y explorador Eric Boman, quién fue compañero y colaborador de Lafone durante años en Catamarca y luego siguió sus pasos, en similares o idénticas tareas e instituciones, en la ciudad de Buenos Aires.
Es el testimonio personal de un “compañero de ruta” que supo apreciar las cualidades humanas y las dotes intelectuales de la Lafone, aunque muchas veces no compartiera sus conclusiones.
“Uno tras otro han desparecido los tres fundadores de los estudios americanistas en la República Argentina, en un lapso de tres años.
“En 1917, fue Ambrosetti, en 1919, Francisco Moreno y, el 18 de junio de 1920, murió, en la ciudad de La Plata, Samuel Lafone Quevedo, el gran erudito lingüístico de la América del Sur y de la historia de la Conquista de ese continente, sobre todo de su parte meridional.
Había nacido en Montevideo el 28 de febrero de 1835. Su padre, Samuel Fisher Lafone, fue un banquero, empresario y comerciante inglés que se estableció en Buenos Aires, pero que debió refugiarse en Montevideo para no ser ejecutado por orden del dictador Don Juan Manuel de Rosas. El anglicano Fisher Lafone se había casado, sin autorización y trámite alguno, con una dama patricia católica, perteneciente a una tradicional familia de Buenos Aires, Doña Patricia Prieto de Quevedo y Alsina, quien sería la madre de Samuel Lafone Quevedo.
En 1850, el joven Samuel fue enviado a Inglaterra para completar su educación, primero en un colegio de Liverpool y luego en la Universidad de Cambridge, donde obtuvo su diploma de “Master of Arts”. Regresó a América en 1858 y se reunió con su familia que, derrocado el dictador Rosas, había vuelto a la Argentina .
Samuel Fisher Lafone había comenzado en 1853, la explotación de las ricas minas de cobre de las Sierras de las Capillitas , en la distante provincia de Catamarca. Allí se reunió con su hijo en 1860, quien comenzó a participar activamente en la administración de los negocios de su padre, a quien heredó en 1871. Establecieron una gran fundición en Pilciao, al pié de las majestuosas montañas nevadas de Aconquija, a cierta distancia del oasis donde se sitúa la hermosa y floreciente villa de Andalgalá.
A la industria minera iniciada por el padre, Samuel Lafone Quevedo sumó vastas plantaciones de viñedos en Andalgalá y se transformó en “gran señor” y el hombre más rico de la comarca.
En 1891, las minas y los establecimientos fueron vendidos a una compañía inglesa que le dejaron una fortuna considerable. Fue en Pilciao que vi, por primera vez, a fines del siglo pasado, a “Don Samuel” como era conocido por todos con afectuoso respecto y tal como sus amigos lo seguían llamando ya radicado en Buenos Aires. Célibe, vivía sólo en un edificio inmenso, que poseía comodidades para alojar simultáneamente 30 a 40 huéspedes, pero ubicado en un desierto desolado y arenoso.
Don Samuel ya era el hombre bajo, enjuto, de gestos distinguidos, de rostro rosado y fresco y de barba blanca, tal como se conservó hasta su muerte . No conocí otra persona que se haya mantenido igual a sí mismo , sin cambios físicos, durante un cuarto de siglo. Conservaba las viejas tradiciones inglesas y muchas de sus costumbres eran bien originales, lo que provocaba, entre los argentinos, una especie de respetuosa curiosidad.
Samuel Lafone Quevedo era un católico ferviente, muy devoto de Nuestra Señora del Valle, virgen milagrosa de Catamarca, cuya historia escribió y fue, además, fiel protector de la iglesia de Andalgalá, la que, en aquella ocasión, me mostró con gran orgullo
Había organizado un coro de unos veinte indígenas, al que él mismo enseñaba y ensayaba y que cantaba notablemente bien. Esto a pesar de que el padre de Lafone Quevedo era anglicano. Su madre, quedó dicho, era católica. Lafone Quevedo fue bautizado en la fe católica, pero educado en la confesión anglicana de su padre. Su conversión al catolicismo se produjo en circunstancias que es justo mencionar.
En el año 1874, los negocios de Samuel Lafone Quevedo se encontraban en una muy seria complicación a causa de un proceso judicial que podía llevarlo a perder toda su fortuna. Se dirigió en esta circunstancia a Nuestra Señora del Valle, haciéndole una promesa y se reconcilió con la Iglesia Católica. En un curioso documento, del que poseo una copia, y que se conserva en la curia del Episcopado de Catamarca, cuenta su conversión: “.... en mi angustia, ocurrí (acudí?) a Nuestra Señora del Valle”, dice, “con una promesa y en ella deposité mi desperación (desesperación?). Por pronto milagro me dispensó esa tranquilidad, la que me permitió sobrellevar nueve años de duda y zozobra...” A continuación narra cómo con la asistencia de la virgen pudo ganar el proceso que, de acuerdo a la situación parecía perdido y con él toda su fortuna.
Me detuve en estos detalles para mostrar el ambiente poco común en el que trabajó, durante cuarenta años, nuestro querido “don Samuel”. Por cuestiones relacionadas con sus negocios, realizaba frecuentes viajes por los valles y las montañas de Catamarca, lo que le permitió conocer a fondo la población semi-indígena en situación bastante primitiva. Recopiló el folclore y las locuciones particulares de la lengua española en esas regiones fuertemente mezcladas con palabras provenientes del Quechua y del Cacan, la lengua ya extinta de los Diaguitas.
Lafone poseía una rica biblioteca en su casa de Pilciao, donde no faltaban ni la filosofía moderna, ni los cronistas antiguos menos conocidos. De tanto en tanto hacía sus viajes a Buenos Aires, donde completaba sus investigaciones, sobre todo en la gran biblioteca del Gral. Bartolomé Mitre. En la soledad de Pilciao, nuestro sabio colega, redactó la mayor parte de sus obras. Comenzó escribiendo artículos científicos para los grandes diarios de Buenos Aires.
Su primer libro “Londres y Catamarca” es el resultado de la re unión de una serie de esos artículos que llamaron fuertemente la atención de los intelectuales de Buenos Aires, donde, por entonces, se ignoraba todo respecto de esas provincias del noroeste argentino. Otro trabajo, resultado de largos años de recolección de información, es “Tesoro de Catamarquismos”, un diccionario razonado de vocablos y locuciones indígenas, en uso entre los paisanos catamarqueños.
Ciertamente que la parte más importante de su obra es la que se relaciona con la lingüística. Nos ha dejado trabajos importantes sobre: el Cacan, el Quechua, el Toba, el Mocoví, el Abipón, el Lule, el Vilela, el Mbaya, el Mataco con sus dialectos el Nocten y el Vejoz, el Chaná, el Guaraní, el Tacana, el Chiquito, el Payaguá y otros más. Casi todos estos trabajos tienen un tratamiento bastante exhaustivo del tema, con vocabulario y reglas gramaticales propias de esas lenguas. Mucho material es extraído de viejos documentos inéditos, escritos sobre todo por los misioneros. Lafone tenía una habilidad especial para detectar los escondrijos donde estos documentos dormían.
En 1890 comenzó su colaboración con las publicaciones del Museo de La Plata. A partir de 1893 fue el primer encargado de la Sección Lingüística del Museo y a partir de 1902 asumió la jefatura de la Sección de Arqueología y de Lingüística. Las obras de Lafone Quevedo sobre el descubrimiento y la conquista de América del Sur también son de gran importancia. Supo reunir, con meticuloso cuidado, la información dispersa en las obras de los Cronistas que pudiera servir a la etnografía de los indígenas de la época de la conquista.En lo concerniente a la Arqueología, él fue el primero en excavar metódicamente un cementerio de los antiguos Diaguitas en Cañar-Yaco, entre Andalgalá y Belén.
Durante sus largos años vividos y sus muchos viajes por Catamarca, rescató una gran cantidad de objetos arqueológicos que hoy se encuentran en el Museo de La Plata. Publicó varias obras interesantes sobre temas arqueológicos en las que dio a conocer nuevos tipos de cerámica diaguita y su distribución geográfica, pero cayó en el mismo error, común a los iniciadores de la arqueología argentina, quienes han querido reconstruir una mitología diaguita basados en las figuras pintadas o esculpidas en su cerámica, cuya significación nos es desconocida.
En 1898 Lafone fue nombrado Profesor de Historia de la Civilización Americana en la recientemente creada Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, ciudad en la que se radicó definitivamente. Muy pronto la Cátedra se transformó en la de Arqueología Americana, sin embargo, Lafone Quevedo nunca enseñó arqueología, sino, más bien, lingüística y etnología a partir de ella. La cátedra la conservó hasta su muerte como también la Dirección del Museo de La Plata, cargo en el que había sucedido a Francisco P. Moreno en 1906.
La displicencia gubernamental, quizás también la edad de Lafone Quevedo en el último tramo, las revueltas y las huelgas casi continuas que se sucedían en la Universidad, de la que ahora el Museo dependía, impidieron que su gestión fuera de gran progreso, pero siempre ejerció una atenta vigilancia sobre la conservación de la Institución. Durante su Dirección se publicaron 12 tomos de la Revista del Museo de la Plata, un volumen de sus Anales y otro de su Biblioteca.
Don Samuel Lafone Quevedo recibió en 1910 el Diploma de Doctor Honoris Causa en Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires. Fue miembro de varias sociedades científicas, de la nuestra en particular , desde 1907.
El Congreso Internacional de Americanistas, en su sesión de Paris 1900, rindió un homenaje especial a este modesto pero erudito sabio, que trabajó sin descanso en su recóndito rincón de los valles andinos catamarqueños. Fue uno de los vice-presidentes de nuestros congresos de Buenos Aires en 1910 y del de Londres en 1912. El vacío dejado entre los altos rangos de los Americanistas será difícil de colmar.
Sus colegas, sus alumnos y sus amigos lo lamentan y ciertamente todos nosotros conservaremos el mejor recuerdo de este perfecto Gentlemen y sabio eminente”..
(1)Nota necrológica publicada en el Journal de la Société des Américanistes por el Dr.Eric Boman.
Anécdotas: Su discípulo Márquez Miranda, quien llegó a ocupar el rectorado de la Universidad de La Plata, dice de él: “...figura pequeña, menuda, ágil y fina, como estilizada por el correr, ya dilatado, de los años. Viejito ilustre, parece cosa de museo él mismo, con su “jaquet” abotonado hasta muy arriba, de corte arqueológico y de color desteñido por el tiempo, con su enorme paraguas verde en las manos nerviosas y enjutas, como un personaje de Dickens. Así pasaba, con su cuello envuelto en su chalina de vicuña tejida en su telar catamarqueño, por los corredores de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata, rumbo a la presidencia de la universidad de la cual era el guardasellos. Los bulliciosos muchachos estudiantes que, por allá en los años previos a la reforma universitaria, le veíamos pasar, guardábamos un instante de respetuoso e involuntario silencio”.
El Padre Guillermo Furlong, su jerarquizado biógrafo, cuenta que: “….Durante su estadía en Catamarca, compró a 25 Km. al sur de Andalgalá, un extraordinario algarrobal. En pleno desierto realizó una fundación de contornos utópicos: su “república de Pilciao”. Con amplia visión de la vida, levantó, en torno a aquel ingenio, casas para sus 500 obreros. Tomándolo como centro social, erigió un gran templo, instalando en cercanías del mismo un establecimiento educativo de múltiples aulas y también su propia morada. Era un inmenso círculo de unos 400 metros de radio, rodeado de bosque. Todas las instalaciones del ingenio estaban de un lado y las casas de los obreros del otro lado, en el centro situó la iglesia, la escuela, la farmacia y los comercios. Era una unidad social, cultural, laboral y espiritual, similar a lo que los jesuitas habían hecho con las Misiones de los Guaraníes. Todo fue hecho según un plan bien meditado y cuidadosamente ejecutado. No había lujo en parte alguna, pero en todas partes había comodidades, aseo, bienestar y alegría”
En su testamento, con relación a sus hallazgos arqueológicos, Lafone Quevedo solicita: “…quiero que no salgan de la Argentina, porque en suelo argentino se hallaron…” Un criterio no muy común, en aquellos años, entre los que eran coleccionistas, para sí o para otros, de antigüedades valiosas.
Efemérides
ABRIL 1
1520 Primera Misa en Territorio Argentino, En San Julián (provincia de Santa Cruz) la expedición Magallanes celebra la primera misa oficiada en suelo argentino.
1982 Intentan la Recuperación de las Islas Malvinas Fuerzas militares argentinas (en parte formadas por jóvenes de escasa experiencia militar). Se debieron rendir el 14 de junio por la superioridad de las fuerzas británicas enviadas. 1588 Con el aporte de pobladores criollos de Asunción (Paraguay) Juan Torres de Vera y Aragón funda la ciudad denominada, poco después, San Juan de Vera de las Siete Corrientes y luego abreviada como Corrientes. 1979 Se incendia en Buenos Aires el Teatro Avenida, notable por sus representaciones del género español, en especial la zarzuela. Luego de largos años, fue reconstruido y se halla en actividad, en Avenida de Mayo 1222, Buenos Aires. 1933 Por iniciativa de José Pacífico Otero se funda en Buenos Aires el Instituto Nacional Sanmartiniano. 1879 Sobre unas barrancas altas del río Paraguay, el teniente coronel Luis Jorge Fontana funda la ciudad de Formosa.
2
1982 Reocupación transitoria de las Islas Malvinas. Día del Veterano de Guerra.
3
1992 Se inaugura en Buenos Aires el nuevo edificio de la Biblioteca Nacional.
1856 Creación de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires .
1588 Fundación de Corrientes .400 AñOS 1988-
4
1970 Aniversario del primer aterrizaje de un avión de gran porte, Hércules C-130, en la Base Aérea Vicecomodoro Marambio de la Antartida Argentina.
5
1910 Inauguración oficial del túnel del Ferrocarril Trasandino .
1973 Comienza a funcionar la Universidad Nacional de La Pampa.
7
1891 Nace en Buenos Aires la escritora Victoria Ocampo, autora, entre otros libros, de la serie de sus "Testimonios". Creó y dirigió la revista literaria "Sur" y el Fondo Nacional de las Artes. Falleció en su casa de San Isidro (provincia de Buenos Aires) el 27 de enero de 1979.
El Día Mundial de la Salud , el 7 de abril, señala la fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1948, un organismo de las Naciones Unidas que constituye una oportunidad para llamar la atención del mundo sobre un tema relevancia para la salud mundial. Si bien en este 2008 el Día Mundial de la Salud se centrará en la necesidad de proteger la salud de los efectos negativos del cambio climático, nos parece importante desde nuestra área de trabajo profesional, destacar la importancia que el sector turístico, creador del nuevo tiempo libre en el que “se recupera como principal prioridad” LA SALUD. |