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MOISÉS VILLE

Código 19104

Detalle de la noticia turistica:











Debió
llamarse Kiryat Moshe (Pueblo de Moisés), pero acabó en un enjuague
de hebreo, castellano y francés. El francés "Ville" (ciudad) le
queda grande hoy. En  el momento de su creación debió parecer
un  sarcasmo indignante y cruel.


Moisés, fue
quien sacó a los hebreos de su esclavitud en Egipto. Los judíos que
habitarían ese  pueblo, también se  sentían liberados de
una asfixiante y vejatoria opresión. Pero para ellos no era Moisés,
sino Moshe. Es una población pequeña, pero con una gran historia.


 Está
situada en el corazón de la provincia de Santa Fe, al norte de la
ciudad de Rafaela, alejada apenas unos  kilómetros de la actual
traza de la ruta nacional 34, en búsqueda de Santiago del Estero. 


A mediados de
1889, la construcción del Ferrocarril del Norte avanzaba con buen 
ritmo en dirección a Tucumán y en el trayecto, después de la
localidad santafesina de Ceres, transitaban los despoblados campos de
los que era propietario el Sr. Palacios.


Parte de estas
tierras se convertirían en el primer asentamiento agrícola  y
cuna de la colonización judía en la Argentina.


Existía ya
por  entonces una comunidad de inmigrantes judíos,  muy
pequeña, circunscripta, casi exclusivamente,  a la ciudad de
Buenos Aires, donde ya tenia su organización comunitaria creada en
1862: La Congregación Israelita.. La mayor parte de sus miembros se
concentraba ya en Once y se dedicaba al comercio, y a distintos
oficios artesanales como orfebres, peleteros, sastres, etc.


El nutrido
grupo de judíos que se radicó en esas tierras santafecinas,
provenían de muy lejos. Su mayoría tampoco tenía experiencia en
las labores agrícolas, pero estaban decididos a asumirlas si con
ellas podían procurarse independencia y libertad.


La situación
de las comunidades judías europeas a fines del siglo XIX no lucía
precisamente venturosa. Había gobiernos que emitían leyes injustas
limitando los derechos civiles de sus súbditos hebreos,
confinándolos a "zonas de residencia" forzada, haciéndolos
objeto de persecución y destierro.


Esta era
cabalmente la situación de los judíos en los territorios gobernados
por el Zar  de Rusia, Alejandro III (1881-1894), llamado el
Segundo Gendarme de Europa, que había subido al trono tras el
asesinato de su padre. Quizás por este motivo abolió las reformas
paternas y reinstauró el viejo régimen autocrático y absolutista,
con el fusilamiento  de todo desventurado  opositor sobre
 el que recayeran sus maniáticas sospechas de traición. Una de
sus víctimas fue Alexander  Ulyanov, hermano de Vladimir Lenin.
Implantó grandes restricciones a las minorías étnicas y
religiosas. La comunidad judía fue la más encarnizadamente
perseguida, prohibiéndose a sus miembros poseer o adquirir tierras,
convivir con otros rusos, acceder a la educación superior, tolerando
o alentando ataques  y crímenes   conocidos como
"Progroms".


No puede
llamar la atención, por lo tanto, que surgiera, en estos enclaves
semicarcelarios, la voluntad de emigrar: abandonar Rusia y
encaminarse a cualquier destino  en busca de libertad.


Lo decidió,
en 1887, una reunión de líderes de las comunidades hebreas de
Ucrania: emigrar masivamente a Palestina.


Para esas
fechas, todas las comunidades judías del mundo, particularmente
aquellas en las que era mayor la opresión, tenían conocimiento de
las acciones filantrópicas del Barón de Rothschild. En la reunión
de líderes, se decidió recurrir a su asistencia financiera, para lo
que se despachó un emisario a París.


El encuentro
con el Barón puede no haberse producido o no haber tenido un
resultado satisfactorio, lo cierto es que el  enviado Kaufman
regresó a Ucrania con un contrato firmado con Rafael Hernández. Era
un argentino que deambulaba por países europeos ofertando tierras de
su propiedad,  en proximidades de la naciente ciudad de La
Plata,  a emigrantes  europeos. El contacto entre ambos lo
había gestionado el Jefe de la Oficina de Inmigración de la
República en París, quien, además,  lo había instruido
respecto de las recientes leyes dictadas en su país a favor de los
flujos inmigratorios.


 No es
superfluo recordar aquí  que ya en 1881 el Gral. Roca había
emitido un Decreto que creaba y nombraba a agentes honorarios en
Europa para organizar la inmigración judía que, desde Rusia, se
dirigía a nuestro país y que, años más tarde, durante aquel mismo
mandato, autorizó el financiamiento de los pasajes para los
inmigrantes de esa procedencia.


El grupo que
Kaufman representaba y a quienes presentó el contrato que había
firmado con Hernández, por el que éste se comprometía a recibir a
los inmigrantes rusos, estaba conformado por unas 130 familias que
sumaban un total de unas 820 personas. Se estima que la comunidad
judía residente por entonces en la Argentina, apenas doblaba esa
cifra.


No irían a
Palestina, sino a la Argentina. Un atlas o un mapa-mundi, a pesar de
las imprecisiones que pudiera tener entonces, no dejaba dudas de que
irían al "fin del mundo". Esta puede ser la razón de las dudas
para decidirse y encarar los preparativos para la odisea mayúscula
que, sin duda, se prefiguraban.


Finalmente, en
julio de 1889, zarparon en el vapor "WESER" y llegaron el 14 de
agosto a Buenos Aires, sin sospechar las etapas de la odisea que aún
les tocarían vivir.


Por comenzar
el Sr. Hernández les comunicó que no podía sostener el contrato
firmado en 1887. Probablemente porque las tierras que les había
ofrecido entonces, se habían valorizado muchísimo ante el fenomenal
crecimiento de la ciudad capital de la Provincia de Buenos Aires y no
estaba dispuesto a perder el negocio.


 La
oportuna intervención del rabino de la Comunidad judía local salvó
rápidamente la situación al convencer al Sr. Luis Palacios,
abogado, apoderado de la institución, para que les vendiera parte de
sus tierras santafesinas con provisión de animales, semillas,
instrumentos de labranza, medios para construir viviendas, etc. Tan
rápido fue la solución que ya antes de finalizar agosto estaba todo
listo, en los papeles, para que emprendieran el viaje los
inmigrantes.


 Bajaron
del tren en el "Apeadero Palacios". Es decir, en medio de la
nada. Ni siquiera una persona que los esperara. Ni hablar de los
animales, de las viviendas,  de las semillas, de los
instrumentos de labranza...¡Las 130  familias, más de 800
personas, sin nada en medio de la nada! Los constructores del
ferrocarril se apiadaron y les instalaron unos vagones de carga.
Palacios, de tanto en tanto, les hacía llegar, como limosna,  bolsas
de harina. De las formaciones ferroviarias que acarreaban los
materiales para continuar las obras de la trocha, les arrojaban,
generosamente, algo para comer cuando pasaban. Pero eran más de
ochocientos...!


Difícil
imaginarse las penurias y la desesperación. Un hecho puede dar la
dimensión. Antes de que levantaran sus viviendas, inauguraron dos
cementerios, uno en Palacios y otro en Monigotes, en los que
sepultaron más de 60 niños, víctimas de la inanición y del tifus
que se instaló rápidamente a causa de la precaria higiene por falta
de agua.


Pasó
demasiado tiempo hasta que intervinieron las autoridades nacionales
para obligar al inescrupuloso Palacios a honrar los términos del
contrato firmado. No era discriminación. Esta clase de tropelía con
los inmigrantes no era tan inusual. Los entrerrianos diamantinos
saben de las "Vizcacheras" que fueron el refugio obligado de los
alemanes que, muy pocos años antes, habían venido del Volga.


Afortunadamente
el Dr. Loewenthal, de religión hebrea y  especialista en
bacteriología,  contratado en París por el gobierno argentino
para una misión científica,   atinó a pasar por
Palacios.


Aturdido por
las condiciones miserables en que vivían, presentó un reclamo  ante
las autoridades, obteniendo la intervención del entonces ministro de
Relaciones Exteriores, Don Estanislao Zeballos. Hizo más. Un tiempo
después, vuelto a París, le propuso al Gran Rabinato la creación
de una Sociedad de Colonización para apoyar a las familias judías
en la Argentina. Así nació la Jewish Colonización Association
(JCA) que, presidida y financiada por el Barón Hirsch, compró 
tierras en Santa Fe, pero principalmente en Entre Ríos, donde a
principios del XX, se habían establecido unas 170 colonias
agrícolas  judías.


 El grupo
mayor de los desembarcados en Palacios, se fue concentrando en Moisés
Ville, iniciando un acelerado proceso de organización comunitaria y
crecimiento económico.


Para 1895 ya
pudieron recibir a 42 familias provenientes de Grodno (hoy Belarús).
En 1901 llegó el primer  grupo desde Polonia conformado por
 otras 31 familias. En el 1902 arribaron  104 familias más
provenientes de Grodno. Luego se sucedieron grupos rumanos, de la 
Bessarabia rusa y más ucranianos, hasta 1905 en que los grupos de
inmigrantes judíos, apoyados por la JCA, se orientan mayormente a la
provincia de Entre Ríos. El Barón ofreció a los "moisesvillenses"
el traslado a Entre Ríos, pero ellos  optaron por no alejarse
de los familiares que ya habían sepultado en tierra santafesina.


Mientras
tanto, en torno a Moisés Ville, habían surgido poblaciones nuevas
como Virginia, La Juanita, Línea Ortiz, Las Palmeras, Capivara y
otras, creadas y habitadas por inmigrantes judíos, algunas de las
cuales subsisten en la actual toponimia santafesina.


En ese
contexto se forjó la figura del "Gaucho Judio" inmortalizado por
Gerschunoff que, sin resignar su propia cultura, fue incorporando el
estilo de vida del campo:  caballo, asado, puchero, locro y
mate; alpargatas, bombacha, faja y pañuelo; música, danzas y
lengua.


Moisés Ville,
conserva viva la memoria de esta gesta de colonización e
integración. Es reconocida como la "Madre de las Colonias
Agrícolas Judías" de  la Argentina. Por esta razón fue
declarada por Decreto 339/99 "Poblado Histórico Nacional"
y la Sinagoga "Brener", equipada con su mobiliario original, 
figura, por el mismo decreto, entre los "Monumentos Históricos
Nacionales
".


Como es obvio:
será centro y sede de la celebración de los 120 años del inicio de
la colonización agrícola judía.


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