Detalle de la noticia turistica:
Recordamos que en 1908, Jorge Newbery y Aarón Castellanos fundaron el Aero Club Argentino y primero de América.
La Comisión Nacional del Centenario le encomendó al Aero Club explorar la posibilidad de traer "Voladores" de Europa para los festejos y ubicar un terreno apropiado para "Campo de Volación", según la jerga aeronáutica de entonces.
Así se originó el primer aeródromo del país, con pista, hangares, tribunas y talleres, inaugurado el 23 de marzo de 1910. Por su ubicación se lo llamó "Aeródromo de Lugano". El nombre le había sido dado a la localidad por el inmigrante suizo, J.F. Soldati, quien, años antes, había loteado las tierras de una granja suya para fundar un poblado, al que denominó Lugano, recordando uno de los más hermosos lagos del paisaje helvético. Para darle más atracción a la iniciativa obtuvo la autorización y financió la construcción del edificio de la Estación de Villa Lugano. Si viera el barrio hoy, con su densidad demográfica (12.500 hab. por km2), quizás pediría un cambio de nombre.
La piruetas de las "máquinas de volación", en el nuevo aeródromo, se convirtieron para los porteños en un inmediato y masivo atractivo, a punto tal que, en Plaza Once y en Plaza Flores, se instaló un sistema de banderines que indicaba: que había actividad en el "Campo de Volación" (rojo); que no la había (azul), o que la actividad era incierta (blanco).
El taller de reparaciones estaba a cargo de un mecánico francés, el Sr, Paul Castaibert. Lo original de este hombre es que comenzó a " fabricar" aviones. A una de sus primeras unidades la equipó con dos flotadores de madera, con la que pudo decolar del campo inundado por un desborde del Riachuelo. Está registrado como el primer vuelo en hidroavión en el país.
La incipiente actividad aeronáutica, en nuestro suelo, quedó prácticamente estancada durante los años de la guerra del 14, en tanto que, en el conflicto mismo, la participación de la aviación, como arma bélica, fue la novedad y la vedette. En la mayor parte de los países contendientes, el hecho le propinó un fenomenal impulso a la industria aeronáutica. También dejó ingentes rezagos a su finalización, mas una punzante amenaza de paralización de la juvenil industria. Para apoyarla, los países constructores enviaban misiones aeronáuticas a países vistos como eventuales compradores.
En el año 1919 la economía argentina no estaba en su mejor momento. Es cierto que había zafado del peor bajón producido en 1917. La situación social, sin embargo, seguía siendo tensa y lo demuestran fehacientemente las 363 huelgas que hubo en ese año y la histórica "semana trágica" que comenzó en los Talleres Vasena. La desocupación era alta lo mismo que el índice de la inflación, que erosionaba el poder adquisitivo de los salarios. Pero la imagen que se tenía en el mundo era otra: la Argentina próspera, con un crecimiento arrollador, la que se había forjado en los años previos.
En Italia esta imagen era incontrovertible. El testimonio de los centenares de miles que en la Argentina vivían, y él de las decenas de miles de reservistas que habían retornado, convocados por la patria en guerra, no podía cuestionarse.
Se comprende, entonces, que a partir de 1919, a penas finalizada la guerra, se reiniciaran los flujos y que muchos de los italianos que habían optado por retornar para enrolarse en las fuerzas de combate, se sumaran.
El Barón Antonio Demarchi, obviamente italiano, había llegado a la Argentina a fines del siglo XIX y, en 1901, desposó a una de las hijas del General Roca, que entonces cumplía su segundo mandato como presidente de la Nación. Era un hombre ingenioso e inquieto y, gracias a su título nobiliario y al suegro Presidente, se encarnó en la sociedad porteña. Fue amante y practicante de múltiples deportes y particularmente de aquellos que comportaban riesgo y aventura.
Fundó, presidió o integró cuanta organización se dedicara a fomentar las actividades deportivas. Fundó y presidió la Sociedad Sportiva de Palermo, fue vocal del Aero Club Argentino, presidió el Comité Olímpico para el Centenario e integró la Comisión Fundadora del Automóvil Club Argentino. A él y a Jorge Newbery se les encomendó la creación de la Escuela Militar de Aviación. Y también fue un entusiasta propulsor del tango.
El 13 de marzo de 1919, Demarchi regresaba de Italia en el vapor "Tomasso di Savoia" acompañando, en su retorno, a un importante contingente de reservistas y a una "misión aeronáutica" italiana conformada por dos escuadrillas de aviones "para armar". Una "terrestre" de 32 aparatos que se instaló en el Palomar, donde montó sus hangares y talleres, y otra de hidroaviones, más reducida, que se afincó en unos terrenos que el Barón poseía junto al río Luján en San Fernando. Demarchi, al parecer, sabía conjugar intereses, patriotismo y entusiasmo deportivo. Nueve meses permaneció la "misión" en la Argentina. A su partida, prontamente fue suplida por una francesa al mando de Almandos Almonacid.
Pero lo más significativo es que, gracias a los buenos oficios del Barón, el gobierno italiano decidió donar al Ejército y a la Marina todo el equipo y los materiales que había traído la misión. La francesa no pudo ser menos y también donó, a su partida, los 20 aparatos, cuatro de ellos hidroaviones. Todo fabricación francesa por supuesto y dejó como resultado una "Compañía Franco Argentina de Aviación", de poco éxito, que pronto se fusionó con la "River Plate Aviation Company". Con donaciones italianas y francesas y la iniciativa privada anglo-argentina, se inició la hidroaviación comercial en el Río de la Plata y la Dársena Norte del puerto de Buenos Aires se convirtió en el primer hidro-aeropuerto, de donde partieron, originalmente, los primeros vuelos que unieron Buenos Aires con Montevideo.
Pero a esta historia le falta el "Capítulo Alemán". En 1928 Alemania envió su "Misión Junker" cuyos modelos F-13 y G-24 fueron los primeros en hacer el derrotero Buenos Aires-Colonia-Montevideo. La confiabilidad de las máquinas, el buen servicio y la puntualidad de los vuelos, hicieron que la demanda rápidamente desbordara su capacidad operativa. Dos años más tarde aparecieron los Ju-52. Tenían estructura íntegramente metálica, tres motores, comunicación con tierra por radio en forma permanente y capacidad para 24 pasajeros. Cesó sus servicios en 1934 por cambios políticos en Alemania.
El negocio parecía florecer y nuevos jugadores bajaban a la arena. Pero su permanencia en el mercado era llamativamente fugaz.
En 1929 se inician los vuelos en hidroavión a larga distancia. Volar Nueva York - Buenos Aires en una frágil hidroavión, era sin duda una osadía, pero sólo así se abren caminos nuevos. Con ese propósito nació el primer corredor aéreo continental de la empresa NYRBA (Nueva York-Río-Buenos Aires). El vuelo partía de la Dársena Norte los domingos, tenía 16 escalas intermedias y duraba 8 días (¡-!). La promotora de estos vuelos era la empresa de aviación estadounidense Trimotors Safety Air-ways, que contaba con los hidros Consolidated Commodore, de avanzada tecnología y alta eficiencia, que, muchos años después, se harían tristemente célebres por su participación en los bombardeos de 1955.
Los vuelos de Cabotaje a los destinos operables con hidroaviones: Rosario, Paraná, Corrientes y Asunción del Paraguay, los inicia la Corporación Sudamericana de Servicios Aéreos en 1938. Esta empresa operaba con Hidros Macchi C-94, la fábrica italiana que había puesto pié aquí con la "misión" del Barón.
Después de la Segunda Guerra se repite, en versión corregida y aumentada, la escena que ya se había vivido después de la primera: ingente disponibilidad de rezagos de la aviación de guerra que es aprovechada por la aerocomercial. Los grandes hidroaviones que en la guerra se habían usado profusamente, particularmente para el traslado de tropas y pertrechos, se dejaban transformar sin demandar excesiva inversión.
La última etapa de la historia de los hidroaviones en el Puerto de Buenos Aires tiene como protagonistas precisamente los "Sunderland" usados por la R.A.F. y los "Sandrigham", su versión civil, que voló desde su creación Aerolíneas Argentinas y también, su predecesora, ALFA. Todavía estaban en servicio cuando, en el mes de agosto de 1962, se levantó definitivamente el servicio de Hidroaviones y se nucleó toda la operación de los servicios aéreos en el Aeroparque Jorge Newbery, ya activo desde 1947.
Muchos porteños "mayores" recordarán aquel paseo dominical con "horario fijo" para ver acuatizar y despegar los hidroaviones.
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